He tenido el placer de oír y leer la entrevista a Manuel Castell en su visita al Citilab, donde hace algunas reflexiones de como han de ser las nuevas ciudades y el papel que juega la ciudadania en ellas, también trata otros aspectos pero éste es el que más me ha llamado la atención.
Estoy completamente de acuerdo con él en que las nuevas ciudades han de superponer a su formato actual (calles, casas, coches, servicios ....) una capa que permita la interacción entre los ciudadanos y que provoque el intercambio de iniciativas y el conocimiento.
Que sean ellos mismos los que se den cuenta de quién es su vecino y de qué sabe hacer. Que propongan iniciativas y que las administraciones locales sean sensibles a las mismas.
En una sociedad donde cada vez hay menos tiempo a utilizar espacios físicos en los que hacer las cosas en común y donde al final cada localidad compite con la de al lado por ofrecer el mejor espacio físico, parece que el espacio virtual se puede convertir en una nueva oferta interesante de atracción.
Combinemos las dos cosas, el poder de arraigo que tiene una ciudad con el hecho que facilitemos herramientas y espacios para que esas personas interactúen, creen y ademas las administraciones locales se comporten en este espacio como un elemento más, con la virtud de poder traspasar al espacio real aquellas cosas que evidentemente hacen crecer a todos los ciudadanos.
Sería la puesta en marcha de una democracia total, donde el ciudadano es el dueño de la ciudad y donde además podemos proveer herramientas a los propios ciudadanos para lanzar iniciativas que hagan crecer la economía y la riqueza local.
El cambio es un problema cultural y de comunicación. Los medios y la voluntad están al alcance de todos
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